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martes, 9 de febrero de 2016

Nueva imagen, nueva época

¡Hola a todos!

Queremos dar la bienvenida a nuestra amiga y compañera, Ana Clemente. Ana es psicóloga sanitaria y psicóloga jurídica. A partir de ahora, colaborará en nuestro blog activamente, con artículos interesantes y prácticos como venimos haciendo, sobre diferentes temas sobre psicología.

¡Gracias!


miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Cómo educas a tu hij@?

Niños, esos pequeños (pero enormes) trocitos de felicidad. Todos tenemos niños a nuestro alrededor: hijos, primos, sobrinos, amigos, vecinos, hijos de compañeros, nuestros ahijados. Hoy es el Día Universal del Niño, y por ello he pensado en hablarte sobre la educación de nuestros pequeños.

La investigación nos dice que existe una serie de estilos educativos muy diferentes entre sí, y que solemos utilizar un estilo u otro dependiendo del momento, aunque en general nos decantamos por uno de ellos. Como bien sabemos, nadie tiene un hijo que venga con manual de instrucciones, y es muy difícil saber qué hacer en cada momento con los niños y niñas, es por eso que de vez en cuando actuamos de forma diferente, por el simple hecho de que aprendemos con la práctica, y en la educación de nuestros hijos no va a ser diferente. Por eso, hoy te muestro las diferentes formas en las que solemos educar a nuestros niños, y cómo afectan esos estilos educativos a su desarrollo.

¿Quieres saber qué estilos educativos podemos adoptar?




Estilo autoritario

Los padres con un estilo autoritario suelen ser muy exigentes en todos los aspectos. Les cuesta tener en cuenta las necesidades de sus hijos y suelen tener siempre las mismas técnicas de disciplina, sin tener en cuenta la edad del niño ni el contexto en el que se encuentran.  Estos padres creen firmemente que siempre tienen la razón, y solucionan los conflictos y problemas siempre a su manera, sin tener muy en cuenta lo que su hijo tiene que decir. A veces amenazan a sus hijos cuando “se portan mal”, a la mínima les retiran el afecto, y les critican mucho (“lo has hecho muy mal, no sirves para nada”). Suelen criticar a sus hijos como personas (“eres malo”) en vez de dirigirse simplemente a la acción (“no me gusta que grites a tu hermano”). Los niños que han recibido este estilo educativo suelen ser tímidos, sumisos, dependientes y tienen niveles bajos de autoestima.

Estilo permisivo

Podríamos decir que este estilo es todo lo contrario al anterior.  Son padres muy poco exigentes y protegen a sus hijos en prácticamente todo, evitando que se enfrenten a problemas y los solucionen por ellos mismos. Dan a sus hijos todo lo que piden, apenas sin límites, sin reglas. De este estilo educativo surgen niños dependientes de sus padres ante cualquier dificultad, egoístas, carentes de capacidad de esfuerzo, les cuesta mucho controlar sus impulsos, y todo esto provoca problemas a la hora de relacionarse con los demás, tanto en la infancia como en la edad adulta.

Estilo indiferente

El estilo indiferente se basa en no tener en cuenta las necesidades de los hijos y en no dar apoyo emocional de ningún tipo a los pequeños. La relación afectiva es prácticamente nula. En el tema de la disciplina, cada día es algo diferente, con lo que los niños no viven con estabilidad. Hagan lo que hagan, cada día pueden recibir una respuesta diferente de sus padres, con lo que llega un momento en que no saben cómo actuar. Los niños que han sido educados de esta manera pueden desarrollar cierta rebeldía, incluso conductas delincuentes. Se suelen aislar socialmente, son inmaduros, y pueden sufrir problemas emocionales. Al no haber recibido el afecto necesario de parte de sus padres, estos niños pueden sentirse rechazados.

Estilo democrático

En esta forma de educar, los padres y los hijos presentan un respeto mutuo y cooperan entre ellos. Los padres tienen en cuenta que pueden cometer errores a la hora de tomar decisiones, y los aceptan. Permiten a los hijos desarrollar su autonomía e independencia, permitiéndoles resolver ellos mismos los problemas que puedan tener (siempre con su afecto y apoyo emocional), facilitando de esta manera que sus hijos evolucionen y saquen lo mejor de sí mismos. Podríamos decir que este estilo educativo se encuentra en el equilibrio entre el abandono y la sobreprotección, ni una cosa ni la otra. Los padres apoyan a los hijos y están con ellos para ayudarles, pero eso no quita que los hijos vayan aprendiendo poco a poco a ser capaces, a esforzarse para conseguir sus metas, y a vivir cada vez de manera más independiente. Este estilo educativo es el que realmente enseña a los niños ahora, para que sean adultos responsables en un futuro. El estilo democrático permite que los niños asuman las consecuencias de sus actos, aprendiendo que así tendrá que ser (quieran o no) cuando se hagan mayores. Los niños aprenden a respetar las reglas, a las demás personas, aprenden a cooperar, a trabajar en equipo y, en definitiva, a convivir en sociedad.

La educación de los hijos no es fácil, y es muy cierto que a veces podemos optar  por uno de estos estilos dependiendo del contexto en que nos encontremos, de la edad del niño, y de otros factores más. Es algo común que de vez en cuando nos salgamos del hilo y seamos un poco más autoritarios de lo debido, o que le permitamos a nuestro nene o nuestra nena demasiadas cosas. De vez en cuando podemos permitírnoslo pero hay que tener en cuenta que lo mejor para nosotros y para nuestros hijos es mantener un estilo democrático en la educación que les damos. Este estilo nos va a permitir sentirnos orgullosos de nosotros mismos y, lo más importante: que nuestros hijos se conviertan en adultos de bien y estén orgullosos de nosotros, como padres.







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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto



martes, 23 de julio de 2013

Enuresis, "mi niñ@ se hace pis en la cama"

La emisión no voluntaria de la orina es un problema que aparece en muchos niños y que mantiene en vilo a muchos padres. Este problema, en Psicología, lo llamamos Enuresis. El términos Enuresis es de procedencia griega y significa "hacer aguas". Nos referimos a Enuresis cuando el niño "se hace pipí" en la cama, o durante el día, y cuando descartamos cualquier problema médico que pudiera explicar la incontinencia.

Vamos a aprender un poquito más acerca de este término. Cuando los niños ya han cumplido los tres o cuatro años, todo el mundo espera que sean capaces de controlar sus necesidades, pero un cierto porcentaje de niños en esa edad aún no ha podido llegar a controlarlo o, después de haberlo conseguido, ha vuelto a perder ese control. La Enuresis la llamamos primaria si el niño nunca ha conseguido controlar su micción, o secundaria si después de un período de control, lo pierde.



Existen varios factores que pueden llevar a la Enuresis. Entre ellos nos encontramos con un factor de tipo físico que sería tener una vejiga pequeña o con una musculatura débil, incapaz de aguantar el líquido. Este factor es difícil que sea la explicación de la Enuresis si el niño tiene más de dos años, ya que a partir de esa edad la vejiga tiene el tamaño adecuado y sus músculos son lo suficientemente fuertes. 

Este problema también puede ser hereditario. Quizás haya más personas en la familia que lo hayan sufrido. Si pensamos que es el caso, le podemos explicar al niño que su papá, su mamá, o su hermano, también "se hacía pis" en la cama, y que no pasa nada, que lo podemos arreglar. El hecho de hacerle ver que no es el único que tiene este problema le va a dar seguridad a la hora de obtener el control.

Quizás el factor principal sea que le niño tenga un sueño muy profundo y, al estar dormido, no se dé cuenta de que tiene la vejiga llena, y la misma se vacíe sin previo aviso mientras duerme. El niño también podría encontrarse en alguna situación psicológica un poco "crítica", como por ejemplo, el nacimiento de un hermano. Tanto cambios emocionales le pueden provocan cierto desajuste a nivel de control de esfínteres. Por otra parte, si le enseñamos al niño el control de la micción demasiado tarde (pasados los dos años), es más difícil que adopte el hábito. Cuanto antes empecemos a enseñarle, mucho mejor, ya que nos evitaremos problemas de este tipo.

Como ves, puede haber un sinfín de causas por las que tu hijo no consigue controlar el pipí.



¿Qué podemos hacer para ayudar a tu hijo?

Para enseñarle a controlar las micciones, podemos utilizar una serie de técnicas que funcionan muy bien. Podemos usar una alarma que despierte al niño cada ciertas horas a lo largo de la noche (si es nocturna). El objetivo de esta técnica es despertar al niño cuando pensemos que puede tener la vejiga llena, lista para evacuar, y de esta manera que vaya al baño siendo consciente de que tiene que hacer pis. Lo que hacemos es enseñar al niño a prestar atención a las sensaciones de vejiga llena para que se dé cuenta de que tiene que vaciarla. A lo largo de los días, si le vamos despertando cada cierto tiempo, empezará a crearse un nuevo hábito por el que será más consciente de cómo está su vejiga, y será capaz de despertarse solo finalmente cuando note la plenitud de la misma.

Si la Enuresis es diurna o mixta (diurna y nocturna) se puede adaptar la técnica. Hay que tener en cuenta que es necesario que tanto los padres como el niño sean muy colaboradores a la hora de llevar a cabo el programa de control de la micción. Para ello, tenemos que motivar al niño para que colabore a resolver su problema. Podemos crear un calendario con semáforos verdes y rojos. El día que el niño consiga controlar el "pis", le pondremos un semáforo verde, y el día que no lo consiga, uno rojo. El semáforo verde será un refuerzo para el niño, y cuando consiga uno o más, le podemos premiar por ello. Es decir, le premiamos si no se moja, pero no le castigamos si lo hace. Si se moja le diremos que la próxima vez se dará cuenta y lo hará mucho mejor.

Nuestro objetivo es motivarle para que aprenda a controlar la micción, y no hacerle sentir mal por ello, ya que si se siente mal podemos conseguir todo lo contrario, es decir, aumentar y mantener el problema.

Estos son sólo unos ejemplos de cosas que podemos hacer en consulta para conseguir que tanto tu hijo como tú os sintáis mucho mejor.




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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

viernes, 17 de mayo de 2013

Economía de Fichas para los Trillizos (caso práctico)

En esta ocasión, vamos a describir una técnica que en Psicología denominamos Operante, que nos va a servir para comenzar a instaurar una rutina y una disciplina en tres hermanos. Esta técnica es la Economía de Fichas y vamos a proceder a describirla de forma muy práctica. El objetivo es que los niños hagan las tareas que sus padres demandan, instaurándose así el comienzo de un buen comportamiento y las consecuencias positivas que éste tendrá para los pequeños traviesos. ¡Comenzamos!

Vamos a diseñar una Economía de Fichas para un grupo de 3 hermanos trillizos. La familia se encuentra un poco desbordada porque los niños, a pesar de sus 6 años, no se visten solos, quieren que les den de comer sus padres, no se sientan a la mesa para comer (se levantan continuamente, quieren comer en el sofá, etc.), cuando juegan dejan los juguetes tirados por el suelo, etc. En la actualidad, los niños desobedecen las órdenes de sus padres y piden ayuda a los progenitores para todo, ya que muchas conductas que ya deberían de realizar solos las hacen siempre con la ayuda de los padres, con la pérdida de tiempo y paciencia por parte de los mismos que esto supone. Lo que queremos conseguir es que realicen las siguientes conductas:

- Comer solos
- Comer sentados en la mesa
- Vestirse solos por las mañanas
- Asearse por las mañanas antes de ir al colegio
- Recoger los juguetes después de jugar
- Ir a la ducha cuando se lo piden sus padres

Estas son las conductas que queremos conseguir de momento, ya que son las que más urgen según sus padres. Para ello, les vamos a explicar qué es lo que queremos que hagan y se lo vamos a plantear como un juego. Les vamos a preguntar: ¿quién es tan mayor que sabe comer solo? Los niños dirán que sí que saben y entonces les diremos que cada vez que coman solos les vamos a dar una pegatina. Lo mismo para cada una de las conductas que queremos que hagan.

Les diseñaremos una cartulina donde pondremos los días de la semana y las conductas que queremos que realicen. Sería algo parecido a esto:












Les vamos a explicar a los niños que cada vez que hagan eso les vamos a dar una pegatina, y esa pegatina la pegarán en la casilla correspondiente. También les vamos a explicar que, al final del día o de la semana, podrán canjear o cambiar las pegatinas (cada una vale un punto) por algo que les guste. Les vamos a dar un punto por cada cosa que hagan de la lista. Les dejaremos claro, también, cómo tiene que ser la conducta. Por ejemplo, si decimos que tienen que comer solos no nos vamos a referir a comer solos una cucharada, sino que será durante todo el rato que dure la hora de comer, y así con todo. Especificaremos qué es lo que queremos que hagan y, si no cumplen el objetivo (ya sea vestirse completamente antes de ir al colegio o recoger todos los juguetes después de jugar) no conseguirán el punto.

Les preguntamos a los niños qué es lo que les gusta, lo que se traduce en los premios con los que les vamos a obsequiar si consiguen las suficientes pegatinas (o puntos) al final del día o de la semana. Podrán canjear sus puntos como quieran.

Hablando con los niños llegamos a la conclusión de que las cosas que más les gustan son las siguientes:

1. Ver su serie de televisión favorita.
2. Jugar a la Nintendo DS 20 minutos antes de ir a dormir.
3. Ver películas de Disney.
4. Que la mamá les lea un cuento.
5. Comprar cromos de Pokémon.
6. Que venga un amigo a jugar a casa.
7. Salir al parque con la bicicleta.
8. Ir al cine.

A cada uno de estos premios les vamos a poner un "precio", y el precio de cada cosa podría ser:











Podemos observar que los niños, para conseguir puntos, tienen que realizar las conductas que aparecen en la primera tabla. Previamente les vamos a explicar el programa como si fuera un juego y les vamos a decir que el objetivo es ganar puntos para poder cambiarlos por alguna de las cosas que aparecen en la segunda tabla. Obviamente, los premios no tienen por qué ser siempre los mismos; a lo largo del tiempo, podemos cambiar los premios por otros diferentes. Les dejamos claro que para conseguir los premios más grandes, como salir al parque e ir al cine, necesitan más puntos que en los demás, con lo cual tendrán que ahorrar puntos para poder conseguirlos. De esta manera, conseguimos motivarles para que hagan las cosas que queremos que hagan y, además, aprenden a administrar los puntos según lo que quieren conseguir.

Daremos las pegatinas inmediatamente después de haber realizado la conducta y será el propio niño el que la pegue en su cartulina, que estará colgada en la pared de su habitación. Así el niño participa de una manera directa y tiene el control tanto de las cosas que hace como de las cosas que consigue gracias a su buen comportamiento.


Ejemplo de pegatinas que se pueden dar como punto

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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto


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