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martes, 9 de febrero de 2016

Nueva imagen, nueva época

¡Hola a todos!

Queremos dar la bienvenida a nuestra amiga y compañera, Ana Clemente. Ana es psicóloga sanitaria y psicóloga jurídica. A partir de ahora, colaborará en nuestro blog activamente, con artículos interesantes y prácticos como venimos haciendo, sobre diferentes temas sobre psicología.

¡Gracias!


sábado, 24 de mayo de 2014

Un cuento sobre el amor...

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia.




Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: "Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia, y sin más ropa que la que llevo puesta. Esa es mi dote".

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: "Tendrás tu oportunidad. Si pasas la prueba, me desposarás".

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: "¿Qué fue lo que ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?". Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:

"No me ahorró ni un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora. No merecía mi amor".

Jorge Bucay

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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto


sábado, 8 de marzo de 2014

Soledad en pareja, el fin de una relación

“Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo”  

Suele ser el principio del fin, ese pequeño instante en el que te das cuenta de que te sientes solo pese a compartir tu vida junto a alguien. Cuando pensamos en tener pareja suele venirnos a la mente la idea de compartir nuestras experiencias vitales con otra persona, la cual queremos tener a nuestro lado porque ayuda a que nuestra felicidad sea mayor. No quiere decir esto que necesitemos tener a alguien con nosotros como condición necesaria para alcanzar la felicidad plena que no podemos alcanzar por nosotros mismos. Nuestra pareja debe ser nuestro mejor compañero de viaje, aquella persona en la que podamos apoyarnos cuando estemos cansados por la dureza del camino o por las piedras que nos encontremos en él, pero también aquella persona con la que podamos compartir todas aquellas cosas maravillosas que nos vayamos encontrando.
Pero, ¿qué ocurre cuándo es nuestra propia pareja la que hace arduo nuestro camino, no nos ayuda a eliminar los obstáculos que encontremos en él o simplemente ya no nos apetece compartir con ella aquello que nos hace feliz? En este momento, empezamos a sentirnos solos pese a estar con alguien.

Pueden ser números y variados los motivos que nos lleven a esta situación, algunos de los más comunes suelen ser la infidelidad por parte de nuestra pareja, situaciones en las que hemos necesitado su ayuda y esta no ha sido la que esperábamos o la repetición de los mismos errores por su parte una y otra vez pese a sus promesas de cambio.

El haber sufrido una o varias infidelidades por parte de la pareja suele crear en el otro sentimientos de desconfianza, rabia, resentimiento y humillación, entre otros. A pesar de perdonar la infidelidad, muchas personas no son capaces de volver a confiar en el otro como antes, desembocando en continuas peleas acerca de por qué le engañó, cómo puede saber que no volverá a pasar o exculpando cualquier error propio al aferrarse a que la infidelidad por parte del otro fue peor que cualquier otra cosa que pueda hacer la propia persona. Esta situación desemboca muchas veces en un sentimiento de vacío o soledad que acaba haciendo imposible continuar con la persona amada.

Otra situación muy común que puede provocar que nos sintamos solos pese a estar con alguien es el hecho de que este nos haya fallado anteriormente cuando hemos necesitado su ayuda. Solemos esperar de nuestra pareja que esta esté a nuestro lado tanto en los momentos felices como en los más complicados. Sin embargo, a veces ocurre que no nos sentimos respaldados, comprendidos o escuchados por ella cuando más la necesitamos. Sentir que la persona que queremos no nos brinda su apoyo cuando lo demandamos, suele crear en nosotros un sentimiento de soledad que nos hace plantearnos si realmente merece la pena estar con ella sabiendo que solamente estará 100% con nosotros en los momentos buenos pero no en los malos.

Por último, es habitual sentirse solo cuando la persona junto a la que compartimos nuestra vida sigue cometiendo una y otra vez aquellos errores que ha prometido cambiar en infinidad de ocasiones. Es un error pensar que nuestra pareja debe cambiar su propia forma de ser para ajustarse a lo que deseamos de ella. Si bien, ocurre a veces que el otro manifiesta conductas realmente inadecuadas que nos hieren y que al hacérselo saber promete cambiar pero acaba repitiéndose la misma situación una y otra vez. Esto puede hacer que acabemos tirando la toalla al perder la esperanza en que la relación vaya a cambiar alguna vez.




Como hemos venido explicando, el sentimiento de soledad pese a estar en pareja suele ser uno de los detonantes del fin de una relación. A menudo, solemos aferrarnos a la felicidad que nos proporcionaba el otro antes de que la relación se viera deteriorada para seguir luchando por estar a su lado. Sin embargo, cuando las faltas del otro han mermado y deteriorado la relación y estar a su lado nos provoca ese sentimiento de soledad a menudo ha llegado la hora de dar el paso de cambiar de compañero de viaje, pues aquel que nos acompaña en el camino no es ya aquel que solía ser. 

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Isabel Estévez Prieto

Estefanía Cárcel Esteban

jueves, 20 de febrero de 2014

En pareja, el Día del Príncipe o la Princesa

Nuestra pareja, nuestro novio o nuestra novia, nuestro marido, nuestra mujer, esa persona a la que queremos y con la que compartimos nuestra vida. Está claro que es alguien muy especial para nosotros pero también está claro que a veces no le podemos (o no nos esforzamos en) dedicar el tiempo o las atenciones que merece. Hoy en día necesitamos invertir muchas horas en trabajar (o en buscar trabajo), en ir al gimnasio, en nuestros hobbies, nuestros amigos, y quizás con el paso del tiempo y con la llegada de la convivencia dejamos sin querer a un lado a nuestra pareja. No le dedicamos el mismo tiempo que antes y quizás eso hace que la relación se enfríe un poco. Pues bien, te voy a dar una pequeña idea, muy sencilla, para que reavives tu relación y para que tu pareja se sienta de nuevo muy querida y especial.


El Día de la Princesa


El Día del Príncipe


Elige un día de la semana sin que tu pareja lo sepa. Ese día va a ser el Día de tu Princesa o de tu Príncipe. Te dedicarás en cuerpo y alma a sorprenderle o sorprenderla. Piensa en hacerle un detalle, ir a comer a algún sitio bonito, en no ir ese día al fútbol y pasar la tarde con ella haciendo algo juntos, y cosas así. Se trata de hacer de un día normal, un día especial en pareja. No hace falta hacerlo en una fecha señalada (San Valentín, el cumpleaños, el aniversario), sino que lo importante es que estás dedicándole a tu pareja un día entero para ella sin que sea una fecha concreta. La cuestión no es hacer algo objetivamente anormal o fuera de lo común, sino que se trata de dedicarle más horas a tu persona querida con pequeños detalles, como los comentados anteriormente. Una cena romántica y cocinarle algo especial, un masaje con aceites, un pequeño ramo de flores, cualquier cosa que sepas que a tu pareja le va a gustar. Un detalle tras otro para hacer de un día cualquiera un Día del Príncipe o de la Princesa. De esta forma será más fácil mantener la chispa y las gratificaciones entre los dos.

Lo más probable es que si le dedicas un día así a tu pareja, ésta también tenga ganas de hacerlo contigo. Recuerda; cuando uno se porta bien con el otro, el otro también desea portarse bien con el uno.





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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

martes, 14 de enero de 2014

Dependencia Emocional

Bienvenid@ de nuevo al blog Psicología Para Ti. Hoy me gustaría hablarte de un problema bastante común, al menos en principio. Le podemos poner la etiqueta de problema de autoestima, de pareja, o de habilidades sociales, y me refiero a la Dependencia Emocional.

La Dependencia Emocional aparece cuando piensas que no puedes vivir sin la otra persona, y por ello dejas en manos de tu pareja (o de otra persona o personas) la toma de decisiones de prácticamente todas las áreas de tu vida. Además, cuando eres emocionalmente dependiente, sueles buscar el gustar excesivamente a todo el mundo, haciendo cualquier cosa por obtener la aprobación de los demás (esto incluye soportar humillaciones y malos tratos).

El origen puede ser la falta de aprobación (¡lo haces todo mal!), la falta de amor (si haces eso no te querré) o por falta de valoración (¡tienes que sacar siempre sobresalientes, un notable no me vale!) cuando éramos pequeños, lo que genera adultos sumisos, dependientes y demasiado complacientes. Por regla general, una persona que ha sido criada de este modo es lógico que busque a alguien que le repita el mismo patrón con el que creció. Estamos hablando de generalidades, por supuesto también hay dependientes emocionales que no tuvieron una educación estrictamente así, y que a partir de las experiencias de la vida adulta (desprecios, decepciones, etc.) se convirtiera en una persona más débil en ese sentido. No siempre la infancia nos va a marcar para siempre, ya sabes que cada persona es un mundo.

Podemos nombrar algunas características que suelen presentarse en las personas que sufren este tipo de dependencia:

1. Temor desmedido a la soledad, que hace que en caso de una ruptura, enseguida se busque otra pareja con características similares.

2. La necesidad imperiosa de aprobación y de afecto, a cualquier coste. Sólo se sienten valorados si agradan y hacen felices a otros, aún a costa de sus propios deseos y necesidades.

3. Se sienten responsables (o culpables) por la felicidad (o la falta de ella) de quienes les rodean.

4. No pueden tolerar el rechazo, por eso no dicen lo que realmente piensan, e incluso hacen cosas contrarias a sus creencias para no ofender a nadie. Precisan la opinión positiva de otros para lograr su propia autoestima.

5. Creen que la sumisión EVITA el abandono.





Lógicamente, como en toda interrelación entre personas, las dos partes tienen su responsabilidad

Quien depende, espera de algún modo que el otro le solucione conflictos intrapersonales (internos) irresueltos, que cubra todas sus carencias (la mayoría emocionales), tal vez incluso que cambie y deje esa manera de ser tan poco "demostrativa, irrespetuosa, egocéntrica, o infiel". El dependiente relega sus necesidades a un segundo plano. Suelen agobiar a sus parejas con demandas de atención desmedidas, al punto de hacer escenas de celos o de invadir su privacidad.

Quienes generan dependencia en su pareja también tienen su grado de responsabilidad, por supuesto. Quieren tener gente al lado que baile al compás de su música (descartando o menospreciando a quién no lo hace), buscan tener el control total sobre la otra persona (serán más o menos permisivos, pero no darán libertad de acción). Suelen ser manipuladores y narcisistas, y tener un ego exacerbado.

Si dejas que otra persona maneje tu vida, y sientes que relegas tus necesidades en función de los demás, sistemáticamente, sin darte tu lugar, probablemente formes parte de una relación de dependencia emocional. Una cosa es pedir ayuda y aceptarla cuando la necesitamos, otra es no poder tomar decisiones importantes de manera personal, estar pendiente de qué decimos o hacemos para no enfadar al otro, pensar que sin esa persona nuestra vida no tendría sentido.


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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

jueves, 9 de enero de 2014

Celos o celos patológicos

¿Quién no ha sentido celos alguna vez? Ese sentimiento natural, una especie de mezcla de rabia y temor por perder a la persona querida. No sólo se sienten celos dentro de la pareja; también podemos sentirlos porque creemos que nos están "apartando" de nuestros amigos, de nuestra familia o incluso de nuestro puesto de trabajo. Anteriormente ya te hablamos del tema de los celos en Celos de pareja, ¿nos ayudan en algo?, y hoy hemos querido contarte más cosas de esta desagradable emoción que a todos nos ha invadido en algún momento (o varios) de nuestra vida.


"Los celos son un sentimiento de malestar causado por la certeza, la sospecha o el temor de que la persona querida, a quien se desea en exclusiva, prefiera y vuelva el afecto hacia una tercera persona"

Echeburúa y Fernández-Montalvo


Si los celos los mantenemos bajo control pueden tratarse de una manifestación de amor hacia la otra persona, de afecto. De hecho, la etimología de la palabra "celo" se refiere a cuidado o interés por algo o alguien. Adaptativamente, como todos los estados emocionales, los celos tienen una función importante: preservar la estabilidad familiar. De ahí su carácter evolutivo y adaptativo en la vida de los seres humanos.

Hombres y mujeres manifestamos de forma diferente los celos, predominando el enfado en los hombres y la tristeza, la culpa y los autorreproches en las mujeres.





Pero, ¿dónde están las diferencias entre los celos adaptativos (o normales) y los celos patológicos? Para diferenciar la emoción adaptativa de la problemática podemos fijarnos en cuáles son las características de los celos patológicos. Atención.

Cuando hablamos de celos patológicos hablamos de un sentimiento que aparece sin provocación, es decir, sin una causa justificada. Además, provoca un dolor emocional muy intenso en forma de enfados, tristeza o agresividad hacia la pareja o hacia otras personas o cosas. Estos celos acaban interfiriendo gravemente en la vida de quien los sufre, a nivel de pareja, trabajo, familia o amigos. El celoso patológico comienza a controlar a su pareja y a comprobar si lo que le dice es cierto. En estos momentos nos encontramos con las revisiones de los móviles, del ordenador, las redes sociales, incluso se realizan llamadas a amigos de la pareja para comprobar que ésta está con ellos, como había dicho antes de salir. Cuando estas comprobaciones, objetivamente, no dan la sospecha de una posible traición, y la persona celosa continúa llevando a cabos estas conductas de control, podemos decir que los celos ya se han convertido en un problema realmente serio que puede provocar la ruptura de la relación. Los celos se mantienen en el tiempo independientemente de la conducta de la pareja.

Un ejemplo de conducta de una persona que sufre celos patológicos podría ser: ante el hecho de que la pareja llega tarde a casa, el  celoso/a tiene una respuesta cognitiva (de pensamiento) del tipo: "estará con...", "me va a dejar", "es un/a...", "se va a enterar", "no puedo vivir sin él/ella". Esos pensamientos provocan emociones negativas muy intensas como ira, ansiedad y tristeza profunda. Ante esta secuencia, aparece la conducta motora, la que se ve, lo que hace. En este caso, la conducta motora del celoso podría ser llamar a la pareja por teléfono, seguirla, registrar su ropa, su móvil, su bolso, interrogarla, buscar marcas de una posible infidelidad, o incluso ser más activo sexualmente con el objetivo de mantener cerca a la pareja, todo provocado por los pensamientos catastróficos que aparecen después de una conducta inocente por parte de la pareja (llegar tarde). Estas conductas de comprobación y de control provocan en el celoso un alivio a corto plazo porque se queda tranquilo, pero a largo plazo los celos cada vez son más fuertes y el problema se cronifica en el tiempo. Además, las conductas propias del celoso patológico hacen que la pareja haga lo que el celoso quiere para no enfadarle o para no hacerle sentir mal, con lo que el celoso ve reforzada su conducta, entrando en un bucle de destrucción personal.

Los celos patológicos tienen un tratamiento centrado en el cambio y la eliminación de los pensamientos negativos que provocan los celos y en eliminar las conductas de control y comprobación hacia la pareja. Si te sientes identificado con este problema, no dudes en pedir ayuda profesional.


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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

martes, 24 de septiembre de 2013

Escuchar a la pareja

Cuando hablamos de amor y parejas suelen saltar muchas preguntas, muchas dudas, muchos sentimientos, emociones encontradas. Las relaciones de pareja pueden ser de muchas maneras, y no hay que juzgar ninguna. Pero muchas veces encontramos una queja en común: ¡es que no me escucha!

A lo largo de los años de relación, esa es una de las quejas principales en las relaciones de pareja. Uno de los dos (normalmente ella) habla de la poca expresividad del otro, y cuando analizamos las estrategias que usan ellas para que ellos se expresen más, nos damos cuenta de que lo que suele pasar es que ellas transforman los momentos de escucha y comunicación en un interrogatorio. Cuando uno quiere expresas sus sentimientos (da igual él que ella), el otro se pone a hacer juicios de valor y críticas. Conclusión: ni uno ni otro escucha.

¿Por qué es tan difícil escuchar de verdad? Con lo bonito que es sentirse escuchado, y no importa en qué contexto. Es maravilloso ver que la persona que tenemos delante realmente nos presta atención y le importa lo que le estamos diciendo. 

Para escuchar realmente a los demás, tenemos que poner en práctica la escucha activa. Aquí te dejo unos pequeños consejos para que lo recuerdes a la hora de mantener conversaciones con los demás, y veas si estás escuchando de verdad, o no.




Hacemos lo siguiente:

- Adoptar una postura activa (no mirar la televisión, los apuntes, o el periódico).
- Mantener el contacto visual con el otro.
- Poner cara que diga: "te estoy atendiendo".
- Animar al que habla con nuestros gestos (sonrisa, asentir, etc.). Podemos decir cosas como: "ya veo", "te entiendo", "de acuerdo".
- Usar un tono adecuado.
- No emitir juicios de valor.
- Repetir lo que nos dice el otro para comprobar que lo hemos entendido.

Fíjate mucho en el contenido de lo que se te está diciendo, en los sentimientos de la persona que tienes delante, en cómo expresa las palabras y los gestos, y fíjate en el momento en que el que te habla desea que intervengas.


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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

jueves, 8 de agosto de 2013

¿Cómo afecta la infidelidad a los hombres y a las mujeres?

Todos conocemos casos de infidelidad, a veces sorprendentes, otras veces esperados. Lo podemos juzgar de una forma negativa, o podemos ser más tolerantes y comprender al infiel. Si lo vivimos nosotros mismos podemos perdonarlo (o intentarlo) o dejar a la pareja por sentirnos humillados. Nosotros mismos podemos ser infieles por sentirnos más atractivos, o por buscar fuera lo que no tenemos dentro. Hay muchas formas de interpretar la infidelidad, y muchas razones por lo que podemos serlo o no serlo, ¿pero cómo se ha interpretado evolutivamente la infidelidad en los hombres y en las mujeres?

Nos trasladamos cientos de años atrás, ¿cómo reacciona el hombre y cómo reacciona la mujer ante la infidelidad descubierta de la pareja?

Cuando la mujer es infiel

Tenemos que tener en cuenta que cuando la mujer se queda embarazada obviamente está segura de que ella es la madre, ¿pero qué sucede con el padre? Cuando la mujer le es infiel a su hombre, evolutivamente se enciende una idea consciente o inconsciente en el varón que le hace preguntarse si el hijo que está criando, o que va a criar en un futuro, es suyo o no. No hace falta que la mujer esté embarazada en ese momento, o que la pareja haya tenido expectativas de ser padres últimamente. De forma automática el hombre puede reaccionar de forma agresiva contra el tercero en cuestión debido al "peligro" que supone para él que el hijo que lleva su mujer en el vientre (o que podría llevar, o que en un futuro siga siéndole infiel y sí que se quede embarazada) no sea suyo. Esta inseguridad hace que el hombre reaccione tan mal ante la infidelidad sexual.






Cuando el hombre es infiel

¿Qué sucede en la mujer cuando su hombre le es infiel con otra mujer? Evolutivamente la mujer teme con mayor intensidad que el hombre con el que comparte su vida llegue a enamorarse de otra mujer. Si el hombre se enamora de otra, o sea, si hay sentimientos y emociones de por medio y no solo sexo, es más fácil que sea abandonada. Ese abandono conlleva el "peligro" de que ella sola no pueda criar a sus hijos, con lo que el miedo reside también en la falta de seguridad de su prole. Esta situación crea en ellas, mayoritariamente, una profunda tristeza.





Como ves, los miedos y las formas de reaccionar son distintos. Esto no quiere decir que siempre sea así, y que esos miedos sean siempre igual para hombres y mujeres, pero sí que sabemos que evolutivamente y desde que vivíamos en cuevas, la infidelidad se ha vivido de esta manera. A lo largo de los cientos de años, hasta llegar a la sociedad en la que vivimos, muchas cosas han cambiado, pero está bien conocer de dónde venimos para llegar a entender muchos de los comportamientos que mostramos en la actualidad.


Te dejo un link de un vídeo sobre amor, adulterio y divorcio. Es cortito y muy interesante. Espero que te guste. 



¡Hasta la próxima!

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Estefanía Cárcel Esteban

Isabel Estévez Prieto

jueves, 23 de mayo de 2013

Cómo mantener viva la llama del amor

Hace un par de meses escribimos el Post “Mi cerebro se enamora” donde os explicábamos por qué nos enamoramos y los cambios que se llevan a cabo en nuestro cerebro cuando esto pasa. Pero, ¿qué ocurre cuándo cesa esta primera fase de enamoramiento?, ¿cómo nos comprometemos con la pareja a largo plazo? En este Post resolvemos estas y otras cuestiones.

Llega un momento en que las mariposas en el estómago desaparecen y dejamos de estar pendientes 24 horas de lo que hace o nos dice el ser amado. Quizás hayan pasado unas pocas semanas o varios meses, pero la fase inicial de amor romántico en la que nuestra vida gira en torno a la pareja ha acabado. ¿Qué pasa ahora? Se producen numerosos cambios en nuestro cuerpo que nos indican que estamos evolucionando hacia una nueva etapa. Ya no sentimos la ansiedad del principio, no nos sentimos tan nerviosos al tenerla cerca o pensar en ella, la sensación de euforia decae y empezamos a verle como realmente es (incluidos esos detalles que nos molestan y en los que en un primer momento no reparábamos). El éxtasis inicial, provocado por la liberación de dopamina, desaparece. El organismo se habitúa.
Llegados a este punto suelen ocurrir dos cosas, o la pareja se rompe o por el contrario, la pareja se consolida pasando del enamoramiento al amor. Aquí se daría paso a la secreción de oxitocina, la cual te une a tu pareja creando un nexo que te compromete con ella a largo plazo.

La transición de la fase inicial idílica a la vida real en pareja puede ser complicada. Muchas veces por las ideas erróneas que tenemos respecto al amor tales como, “no seré una persona completa si no tengo a alguien a mi lado” o “mi pareja ideal será aquella con la que encaje plenamente en cualquier aspecto”. Estos clichés sociales se nos imponen desde edades tempranas, pudiendo provocar que tengamos una idea equivocada de lo que debe ser una relación de pareja sana y por consecuencia hacernos sufrir. Pensar que no somos nada sin la otra persona o que nuestra vida no tendrá sentido sin ella, puede conducirnos a la dependencia emocional o afectiva. Incurriendo en el error de perdonar cualquier cosa que el ser amado nos haga, como puede ser una infidelidad, por el miedo a que si le dejamos comience una relación amorosa con la tercera persona. No debemos olvidar que el amor no es incondicional, no todo vale. A veces resulta complicado porque no nos enseñan a vivir solos, por lo que se mantienen relaciones por el mero hecho de evitar la soledad y tener compañía. En el momento en que aparecen reproches, engaños con terceros, mentiras, etc. la pareja suele verse abocada al fracaso a largo plazo pese a los intentos por salvarla.



Entonces, ¿qué características debe reunir una pareja para perdurar? El amor es un proceso continuo de construcción. Las relaciones hay que trabajarlas y cuidarlas a diario. Cada relación amorosa es distinta y única y no se debe intentar revivir con alguien la vida que teníamos con otro amado. Una buena pareja debe presentar tres características básicas: deseo sexual (un buen acoplamiento sexual es esencial), ternura (cuidado y preocupación por el otro) y amistad. Puesto que el acto sexual es algo a lo que no se dedica la mayor cantidad del tiempo y que una ternura excesiva puede incurrir en sobreprotección, la amistad es la clave para que la relación perdure. Aquello de que los polos opuestos se atraen es cierto, pero chocan cuando están cerca. Por lo que debemos compartir semejanzas con nuestra pareja para que la relación funcione. La clave reside en la complementación.  El carácter del otro debe ser compatible con el nuestro, así como su escala de valores, su manera de actuar y entender el mundo. No suele ser satisfactorio compartir nuestra vida junto a alguien que no nos gusta cómo se enfrenta a las situaciones cotidianas o con la que no compartimos momentos vitales parecidos, como suele ocurrir con parejas en que existe una gran diferencia de edad. Objetivos y un proyecto de vida similar son esenciales para una buena relación de pareja.

Pero previamente a tener una relación de pareja y que esta sea sana, debemos partir siempre de la base de aprender a estar solos y querernos a nosotros mismos sin tener a alguien al lado. Solo así podremos ser felices junto a otro.


“Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es una media naranja, y que la vida tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”                                                                                              
John Lennon


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Isabel Estévez Prieto
iestevez@cop.es

Estefanía Cárcel Esteban
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lunes, 15 de abril de 2013

La "Caja de los Deseos" de tu pareja

¿Alguna vez te has preguntado por qué seguimos con nuestras parejas? Cuando mantenemos una relación íntima con otra persona y ésta relación se mantiene, es porque nos hace feliz, y nos hace feliz porque obtenemos refuerzo positivo por parte de nuestra pareja. Uno de los objetivos de la terapia de pareja es aumentar las gratificaciones entre los miembros de la pareja, es decir, aumentar las conductas que hacen que el otro se sienta bien, y que hace que quién las lleva a cabo también se sienta satisfecho. Cuando hablamos de gratificaciones nos referimos a cosas sencillas, como salir a pasear, sonreír amablemente, abrazar, escuchar atentamente y cosas parecidas, cosas que les gusten, pero nada de actividades complicadas.
Cuando estas conductas positivas entre los miembros de la pareja se hacen con frecuencia, se entra en una espiral positiva, en la cual las interacciones entre la pareja se realizan de este modo. Por ejemplo, mi pareja me abraza con mucha alegría cuando llego a casa. Yo interpreto que él quiere que yo me sienta bien, y me gusta. Eso hace que yo me comporte de la misma manera, dándole un fuerte beso. En ese momento, mi pareja interpreta que yo quiero lo mismo que él, o sea, que se sienta bien; eso a él le agrada y decide comportarse conmigo de la msima forma. Vemos cómo uno de los dos se siente satisfecho de hacer lo que hace, y eso que hace le da felicidad al otro, y el otro responde de la misma manera y con la misma satisfacción.

El dar detalles agradables de forma frecuente (y la frecuencia es importante) provoca que el otro también quiera ser agradable con nosotros, creando de esta forma un ambiente positivo en la pareja, que es lo que nos interesa si queremos tener una buena convivencia con esa persona que tanto nos importa.
En terapia de pareja trabajamos mucho el aumento de las gratificaciones entre muchas otras cosas, como la mejora de la comunicación efectiva, la resolución de problemas y la negociación. En esta ocasión, nos hemos propuesto describir uno de los muchos ejercicios que les solemos proponer a las parejas con problemas, y que suelen tener una buena acogida. Lo que queremos dejar claro es que es una técnica que no ha de realizarla una pareja con problemas sin la supervisión de un terapeuta, ya que si una pareja no ha seguido una terapia previa y no tiene una buena comunicación es probable que uno de los miembros, o ambos, no reciban el ejercicio de buena gana, y que en vez de mejorar la relación, acabe empeorándola. Hoy damos una muy pequeña pincelada de lo que hacemos en consulta en el momento idóneo, cuando las parejas están preparadas y, además, les apetece.


Hablamos de la "Caja de los Deseos". Esta técnica trata de coger dos cajitas, una para cada miembro de la pareja. Cada uno ha de escribir en diferentes papelitos un deseo; ese deseo tiene que ver con algo que le gustaría hacer con su pareja o que su pareja le hiciera a él/ella. Esos papelitos se meten dentro de la cajita y se trata de que cada miembro de la pareja, cuando le apetezca, vaya a la caja del otro a coger uno de los papeles (mejor si es de forma frecuente). Desde ese momentó, él o ella tendrá que hacer todo lo posible por cumplir el deseo que ha aparecido en el papel.
De esta manera (y con otras muchas) aumentan las gratificaciones entre ellos, y esos refuerzos positivos que pueden ser pequeños detalles son los que mantienen la magia y la felicidad dentro de la pareja.





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Estefanía Cárcel Esteban
Isabel Estévez Prieto

domingo, 24 de febrero de 2013

Celos de Pareja, ¿nos ayudan en algo?


Un día descubres que tu pareja ha llamado a otra persona, empiezas a pensar “seguro que me engaña”, “la prefiere antes que a mí”, “no puede olvidarla”, etc. Estos pensamientos te producen enfado o ansiedad, los cuales te empujan a aparecer de improvisto en situaciones que el otro no espera para ver si le sorprendes con ella, le persigues o registras exhaustivamente su móvil, correo, etc.  ¿Ser celoso es algo normal  o puede llegar a convertirse en un verdadero problema para nuestra salud mental?


Los celos son un sentimiento de malestar que nos invade cuando sabemos o sospechamos que nuestra pareja, a la que queremos en exclusividad, profesa afecto hacia otra persona. Sentirlos, en su justa medida, es algo adaptativo, debido al temor de perder al ser amado con el que queremos compartir nuestra vida y tener descendencia. Respecto a cómo exteriorizamos este sentimiento, es distinto en hombres y mujeres. Mientras que los primeros suelen mostrar enfado, las mujeres por su parte, sienten tristeza, culpa y reprochan a la pareja todo aquello que les molesta.


Pero, ¿pueden convertirse los celos en un problema real para la persona? Sí, es lo que se denomina celos patológicos. Se trata de aquellos que aparecen sin una provocación o justificación (es decir, no existen pruebas objetivas de ello o indicios suficientes para pensar que nuestra pareja nos está engañando), producen dolor emocional intenso (tristeza, enfado, rabia…), interfieren de manera significativa en la vida del sujeto (deteriorando la relación de pareja, laboral…) y aparecen conductas de control y comprobación (registrar sin parar las llamadas del móvil de tu pareja, la última vez que estuvo en línea en WhatsApp…). Dependencia excesiva, baja autoestima e inseguridad, cambios en la rutina de la pareja, disminución de las relaciones sexuales, más discusiones y dudas obsesivas (¿qué hizo realmente aquella tarde que no me llamó, era más feliz con la otra persona?) son algunas de las características y situaciones que pueden favorecer que aparezca este problema. Todo esto puede provocar que los celos se conviertan en una obsesión. Con lo cual, el tipo de respuesta cognitiva que aparece en estos casos es muy similar al del Trastorno Obsesivo-Compulsivo y al Trastorno de Ansiedad Generalizada.

¿Tiene solución este problema? Sí, los celos patológicos tienen tratamiento psicológico basado en la modificación de los pensamientos inadecuados de la persona y la exposición a aquellas situaciones que hacen desconfiar.

Recuerda que sentir celos en algunas ocasiones es algo normal, pero sin llegar a traspasar la barrera de que ellos se conviertan en el centro de tu existencia y provocando que tu relación de pareja se deteriore. 

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Isabel Estévez Prieto

Estefanía Cárcel Esteban

domingo, 10 de febrero de 2013

Mi cerebro se enamora

Millones de parejas celebrarán su amor por todo lo alto dentro de unos días como parte del festejo del día de San Valentín. La mayoría de nosotros hemos estado enamorados en alguna ocasión y esa persona especial ha sido el centro de nuestra existencia. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué nos enamoramos? En este Post te explicamos qué cambios se producen en nuestro cerebro cuando esto ocurre.


Cuando conocemos a esa persona que nos atrae tanto sentimos un cosquilleo en el estómago y nuestra ansiedad se dispara. El hecho de pensar en ella o tenerla cerca nos hace sentirnos nerviosos y nuestro cerebro, literalmente, se revoluciona. Comienza a liberarse dopamina, un neurotransmisor involucrado en los sistemas de recompensa que nos produce sensación de placer, igual que ocurre cuando comemos chocolate. Las endorfinas nos hacen sentirnos eufóricos y la serotonina de buen humor. Además, se inhiben los circuitos responsables de las emociones negativas y el área frontal del cerebro relacionada con el juicio social. Todo esto nos lleva a la conocida sensación de que todo es perfecto y parece que nada malo pueda ocurrir, “es como flotar sobre una nube”. Esta disminución del juicio impide a nuestro cerebro que veamos al otro como realmente es. Es por ello que somos incapaces de ver todo aquello malo que pueda hacernos o cerciorarnos de todos aquellos detalles que no nos gustan. No es infrecuente que a posteriori nos preguntemos muchas veces por qué no nos dábamos cuenta de ciertas cosas que no nos gustan del otro o por qué aguantábamos según qué cosas, simplemente en ese momento nuestro cerebro no era capaz de prestar atención a ello. En este estado de felicidad plena, nuestro hipotálamo inicia además una serie de reacciones que acabarán produciendo cortisol, la hormona del estrés, en la glándula suprarrenal. Esto provoca que nuestro campo visual se vea reducido al igual que ocurre cuando estamos ante un peligro.

Nuestro único y primordial objetivo a partir de que nos enamoramos es estar cerca del ser amado. Todos nuestros esfuerzos se centran en conseguir su atención, tenerla lo más cerca posible… y si estamos lejos de ella no podemos sacarla de nuestro pensamiento, podemos llegar a pensar en ella el 95% del tiempo que pasamos despiertos. En cierto modo nos volvemos adictos de esa persona. Si quisiéramos hacer un símil, podríamos decir que el amor es como una droga. De hecho, los cambios que se producen a nivel cerebral en la fase de enamoramiento son los mismos experimentados cuando se sufre una adicción. El cóctel de hormonas actúa como una droga sobre una parte cerebral denominada núcleo accumbens, la cual se encarga de anticipar las recompensas. Ello hace experimentar la ausencia del ser amado como un síndrome de abstinencia de cualquier tipo de droga.


Este estado de enamoramiento puede durar entre unas pocas semanas y varios meses. Tiempo tras el cual el éxtasis inicial decae y empieza a producirse la hormona oxitocina, la cual te une a tu amado creando un nexo que te compromete con ella a largo plazo.  En próximos Posts os explicaremos qué ocurre una vez que cesa el enamoramiento inicial y cómo se consolida una pareja y se pasa del enamoramiento al amor. Aunque os adelantamos que hacer cosas nuevas con ella  puede ayudar a que vuestro amor perdure, ¡la novedad os ayudará a segregar dopamina y mantener el amor romántico!

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Isabel Estévez Prieto

Estefanía Cárcel Esteban

Wikipedia

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